miércoles, 11 de noviembre de 2009

Exp NZ0




Tiempo estable, cielo cubierto, grises nubes y vientos suaves. Salida de El Dorado - Bogotá. Sobre vuelo directo a Santiago de Chile, hacia el Sur. Mi mente empieza a ver a través de una pequeña claraboya de la puerta trasera del 767, el Lago Titicaca, y las lineas de Nazca, y explanadas desérticas. A la derecha, más arriba y mas ciertas, una línea de montañas y montañas nevadas. Llegada a Santiago a las 7 pm.

Aquí en tu Santiago, registro de las altas montañas nevadas en contraste con materas de pinos de plástico en toda la Terminal aérea. Todo normal.

Parecería un acertijo para la dimensión desconocida. Desde la ventana del avión, a la salida de Santiago, estuve echándole ojo al cielo. Salimos ya anocheciendo el Domingo, y traté de retener en la mirada toda señal, cualquier vestigio o asomo de astro, estrella, pedazo de luna, o perfil de litoral, para que me sirvieran de ancla. Al final , leyendo las descripciones que Humboldt hace del " océano aéreo " , con detalles sobre colas de cometas, movimientos aparentes de las masas y nebulosas, sobre las sorpresas con auroras zodiacales, me quede dormido. Al despertar, en la ventanilla titilaba el rojo en la ala de babor del avión, un montón de estrellas sobre ella y hacia atrás, media Luna subiendo sobre el horizonte. En medio la oscuridad ya se me había perdido un día. Era temprano en la mañana de Martes. Me trate de escapar de la realidad, y en la ventaja se me perdió el Lunes.




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